ALGUNAS MANIFESTACIONES DEL ACONTECIMIENTO GUADALUPANO
- Autor: Prefectura de Apostolado
Son muchas las manifestaciones de devoción popular, a Nuestra Señora de Guadalupe del pueblo católico mexicano, sólo mencionaremos algunas que nos parecen significativas.
Una propuesta liberadora. El mismo amanecer en que la Señora se presenta a Juan Diego, nos anuncia un nuevo día, una patria nueva; es motivo de alegría porque es también ya un anuncio de la liberación de los pueblos oprimidos y marginados de nuestra patria grande. Y no desde el lugar del opresor, del conquistador (Cfr. Clodomiro SILLER, Guadalupe, P. 19.29).
Las Ermitas Guadalupanas dentro de la religiosidad popular: Hay autores que han descrito la religiosidad popular de diferentes maneras, resaltando su cosmovisión, lenguaje, pensamiento, gramáticas, categorías” (Cristián PARKER, Otra Lógica en América Latina, Ed. FCE, Chile 1996, p. 41). Para C. Parker son “manifestaciones colectivas que expresan a su manera […] las necesidades, las angustias, las esperanzas y los anhelos que no encuentran respuesta adecuada en la religión oficial o en las expresiones de las elites y las clases dominantes (Idem, p. 45).
La religiosidad popular tiene como sujeto al pueblo y éste trata de inculturarse en sus símbolos (Cfr. Héctor de la Vega, Las celebraciones, p. 21). En los santos e imágenes, el pueblo se relaciona con Dios. Como sabemos, esta se celebra fuera de los templos y muy cercana a sus protagonistas.
La Iglesia le ha dado diferente trato y nombre a la religiosidad popular tales como la piedad popular, religión del pueblo, expresión privilegiada de la inculturación de la fe, catolicismo popular, espiritualidad popular, etc.
Un área de aterrizaje de este “mosaico” guadalupano se puede encontrar en el culto y fiesta que se celebra alrededor de miles de ermitas o altares “callejeros” construidos a la Virgen de Guadalupe, que se convierte en centro de unión lúdico-religiosa en las calles de la Ciudad de México y de otros muchos lugares del país, construidos en las esquinas, entradas de vecindades, paraderos de microbuses, bases de taxis terminales de autobuses, estacionamientos, negocios públicos, etc.
En estas ermitas encontramos un fuerte fervor en la Virgen de Guadalupe que se proyecta en la vida cotidiana del creyente. Estas son auténticas expresiones inculturadas, cuyo plus es la guadalupana.
Pues bien, en las ermitas o altares guadalupanos encontramos reunido al pueblo expresando su fe y esperando consuelo y alivio a sus penas de parte de Nuestra Señora de Guadalupe.
Las ermitas en los cruces de caminos tienen un reconocimiento especial basado en la experiencia del creyente y de su religiosidad que puede ser analizada. “La religiosidad popular ha hecho de algunos lugares, (santuarios, ermitas) hitos de ebullición religiosa y para su reflexión ha echado mano de la antropología cultural, de la historia, de la teología y de la fenomenología religiosa” (Luis MALDONADO, “Introducción a la Religiosidad Popular”, p. 147).
El altar de la calle alcanza también semejanza con el santuario, ya que “el santuario se convierte en un punto de referencia y símbolo de identidad, así como manifestación de la conciencia colectiva de un grupo humano, y hay que considerar el santuario de un modo dinámico o activo, como centro de peregrinación y de fiesta” (Idem, p. 159).
En torno a las ermitas de las calles se general diversos sentimientos y, se genera un dinamismo tales como: solidaridad, comunión, sentido de pertenencia; sus procesiones y fiestas en su entorno operan como poderosos símbolos locales que ayudan a la socialización.
Bajo otra perspectiva, pero siguiendo la misma línea, la religiosidad popular, tal como lo describe Enrique Dussel, mira a la vida cotidiana, al trabajo, al matrimonio, la familia, el sufrimiento, la muerte. En los antiguos mexicanos había cultos en los hogares o en los patios de los mismos e incluso hoy no falta el “altarcito” en casa.
Otra expresión importante en la religiosidad popular es, sin duda, las peregrinaciones, las cuales han consolidado la devoción guadalupana. Las peregrinaciones son quizás la devoción más popular como expresión evidente de la fe.
La religiosidad popular, desempeñará el papel de “liberadora o alienante según la calidad de sus motivaciones y contenidos, lo cual constituye un desafío pastoral” (Héctor de la Vega, las celebraciones, p. 163).
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