SIGNOS Y SÍMBOLOS DEL CÓDICE GUADALUPANO
- Autor: Prefectura de Apostolado
Nuestros antepasados, más que palabras, utilizaban el lenguaje de los signos y los símbolos para comunicarse ellos a través de los códices (amoxtlí) conservaban su historia, sus mitos y ritos, su calendario y astronomía, etc., a través de jeroglíficos, dibujos que expresan ideas, costumbres y toda su riqueza cultural.
El P. Salvador Carrillo A. -biblista y sacerdote- nos dice que: “A lo largo de la historia de la salvación y en consonancia con la naturaleza humana, Dios ha querido valerse del signo, esto es, del milagro, para que el hombre, apoyándose en un fenómeno sensible, se levante a creer en una realidad superior” (Salvador CARRILLO A., El mensaje, p. 35).
En el acontecimiento Guadalupano podemos ver que la teología del signo ocupa un lugar muy importante. Recordemos que el obispo pide una señal, un signo para creerle al santo Juan Diego y éste se la lleva en su tilma. Se utiliza pues el lenguaje de sus antepasados que está acostumbrado a comunicarse con imágenes.
La imagen se presenta como un todo armonioso y lleno de significado de la flor y canto, que es bien conocida, es decir, el camino de la verdad y grandeza de Ometéotl Dios Padre-Madre, quien usa ese camino para revelarse en Tonantzin Guadalupe.
En la obra del P. Mario Rojas encontramos una descripción de los símbolos:
El vestido: el Nican Mopohua nos dice la ropa de la Virgen parecía sol, y que despedía como fechas de rayos y claridad; de modo que hacía que todo relumbrara y brillara como el oro (Cfr. Nican Mopohua, 15-18). Los indígenas representaban a Tonátiuh, es decir, a su Dios con este símbolo. Ella “nos conduce a Dios en medio de las nubes, símbolo de la fecundidad y la vida que nos trae la lluvia” (Cfr. Clodomiro SILLER, Guadalupe, p. 93).
En el cuello lleva un broche que tiene grabada una cruz de color negro dentro de un círculo. Este era el símbolo de Ollin Tonatiuh, el sol en movimiento, que significaba la presencia de Dios en nuestra historia actual (época del Quinto Sol).
La Virgen de Guadalupe está sobre un cielo azul. El Ilhuicatl (cielo) era para los naturales el símbolo de lo transcendente, lo divino, lo que nos rebasa y supera. Por eso Clodomiro Siller nos dice que: “el cielo atrás de la Virgen, junto con la misma imagen de ella que nos evoca a la tierra, nos está afirmando que el cuadro que tenemos delante de nosotros es la imagen de Dios, como Padre y Madre, como cielo y tierra” (Clodomiro SILLER, Guadalupe, p. 92).
La figura de la Virgen está rodeada por el sol que hace resaltar la imagen que está en el centro. Unos rayos son rectos y otros serpenteados, los cuales hacen la forma de un nicho en torno de la figura de la Virgen. La luna y el sol están presentes en la imagen, pero ahora de una manera armonizada, ya no en lucha.
El rostro es el de una jovencita de color moreno, que no es indígena ni española, sino mestiza, a este respecto nos dice el Papa Juan Pablo II: “el rostro de la Virgen de Guadalupe fue ya desde el inicio en el Continente un símbolo de la inculturación de la evangelización, de la cual ha sido la estrella y guía […]” (Juan Pablo II, La Iglesia en América, Ed. Dabar, México, 1999, n.70).
La cinta negra que va ceñida en la cintura de la Guadalupana. El color In Tlilli (negro), era el símbolo de la noche, de la muerte y del sacrificio del Dios-Sol. El mundo-la humanidad, según el mito del Quinto Sol, habían sido creados a partir del sacrificio y de la penitencia de aquel dios-pobre, Nayahuáyzin.
Lleva en su vestido flores bordadas que para los indígenas no son simple ornato sino jeroglíficos con un significado: narran la historia y simbolizan la tierra, los montes que florecen, la música, los corazones. En el pensamiento indígena las flores simbolizan la verdad, la alegría, la vida, la presencia de Dios que hace florecer los campos. Estamos, pues, ante un criterio de verdad que tuvo su epifanía en Guadalupe.
El amanto azul era el xiuhtilmatli (“tilma de turqueza”), que era exclusiva de los más altos tlatuanis, reyes o altos personajes de la sociedad azteca. Ella era una representación femenina de Dios presente en la naturaleza y en la tierra.
Las estrellas que brillan en el manto relacionaban en la mentalidad indígena otro concepto: Citlanilicue (la de falda de estrellas), otro nombre de Ometéotl. En el mito del nacimiento de Huitzilopochtli, las estrellas aparecen haciendo una confabulación para matarlo. A final es Dios quien vence y dispersa a las estrellas que quedaron.
Al pie de la imagen aparece un “Ángel” que sostiene sobre su cabeza a una luna que es el símbolo de la ciudad de México. Aunque recordemos que la cultura del Anáhuac nos había ángeles (Cfr. Clodomiro SILLER, Guadalupe, p. 95). Pero existía el símbolo del rostro y de las plumas. El angelito en la imagen de Guadalupe, “nos da a entender que las personas que aceptan a la Virgen han de ser mediadoras y servidoras de la comunidad o del barrio” (Idem, p. 96).
La flor solar que está a la altura de su vientre, ya que uno de los gliflos del sol es una flor de cuatro pétalos. El quicunce símbolo que se identificaba con otro símbolo Nahui Ollin (Miguel LEÓN-PORTILLA, Los antiguos, p. 59), cuyo significado es cuatro movimientos.
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