
MOSAICO VIVO | P. ROMÁN ÁNGEL
- Autor: ClaretianosMX
Caminábamos de Tlacoapa a Yerba Santa, comunidades indígenas alejadas una de otra como 8 horas a pie, subiendo y bajando. Me ganaba por 10 años en la edad. Él tendría unos 60 años, yo alrededor de 50. Quería dejarlo atrás porque me sentía mucho más joven, pero me quede con las ganas. No lo logré.
Esto lo narro porque me recuerda una de sus cualidades sobresalientes: la tenacidad. La tenacidad en todo. Desde su vocación. Ignoro su historia, pero según parece, él andaba siempre buscando lo que Dios quería para su vida. Era lo que llamábamos “vocación tardía”: entró a la Congregación cuando había terminado la carrera de ingeniero electricista, con un futuro prometedor.
Tenaz en los estudios: tal vez por eso lo mandaron a estudiar teología a Alemania. Después, lo consideraron apto para superior provincial. En el primer capítulo general en que participó, lo eligieron como miembro del gobierno General. Pienso que la tenacidad le ayudó también a aprender varios idiomas: Inglés, Alemán, Italiano, Checo.
A mi entender, siempre fue tenaz para ejercer lo mejor posible las tareas a las que el Señor lo llamaba.
Otra de las características principales que considero en Román Ángel, es la que exige nuestro ideario claretiano: el hacer con otros. En una primera etapa de su misión, trabajaba en equipo con laicos, en el movimiento de Cursillos de Cristiandad
Más tarde, liberado ya de las altas responsabilidades en la Congregación, se asoció con grupos voluntarios de Alemania, Austria y México. Así pudo practicar la solidaridad con sectores de la periferia: indígenas, gente sin techo.
Para ello, recibió una capacitación en Colombia asomándose a la experiencia claretiana de “casas hogar” en ese país.
Otra de las características sobresalientes en la personalidad de Román Ángel considero fue una sensibilidad especial para las necesidades materiales de la gente. Podemos considerarla en la línea de la opción preferencial por los pobres. A ello nos ha llamado la Iglesia desde el Concilio Vaticano II. Y Román trató siempre de asumir el reto.
Terminado su servicio en el Gobierno general, inmediatamente solicitó ser enviado a lo Misión indígena de los claretianos en la montaña del Estado de Guerrero, junto a los Xabu Me’phaa.
Con el apoyo de voluntariado extranjero y nacional propició la introducción de energía eléctrica en algunas comunidades, contando con sus propios recursos fluviales. Apoyó la construcción de algunos puentes aprovechando principalmente materiales de la región.
Fortaleció la comercialización de algunos productos de la región como Jamaica, miel y artículos artesanales.
Finalmente, y aquí coronó su misión, con algunas Misioneras del Corazón de María promovió la formación y casas de acogida para niños y niñas de la calle.
Seguramente mucha gente lo ha apreciado y ahora lo recordará con cariño. Fue un misionero que se preocupó por su dignificación y bienestar.