ESPIRITUALIDAD MARTIRIAL EN LA VIDA DEL R.P. ANDRÉS SOLÁ MOLIST (1895-1927)
- Autor: Estudiante Fernando Domínguez Casas
Andrés Solá Molist fue un hombre sencillo y trabajador, marcado por dificultades, tristezas y heridas como cualquier otro ser humano. Sin embargo, en él ardía un amor silencioso, profundo y constante, como un fuego que nunca se extingue rasgo tan propio de los hijos de San Antonio María Claret. Su vida nos recuerda las palabras de Jesús:
“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te agradó.” (Mateo 11,25-26)
El R.P. Andrés Solá es ejemplo vivo de que el martirio no es un trofeo que algunos deciden conquistar para colgarlo como medalla de honor. El martirio es, más bien, un don que Dios siembra en el corazón de cada bautizado. Es semilla que requiere cuidado, riego y perseverancia, cuyos frutos no siempre se ven en la superficie, pero que crecen en abundancia en lo profundo, como tubérculos ocultos bajo la tierra.
La espiritualidad del martirio es un proceso personal, pero nunca aislado: se alimenta de la comunión con los demás y se inspira en el testimonio de nuestros hermanos mártires. Ellos no fueron asesinados por la fuerza de su propia voluntad tan limitada frente a la magnitud del sufrimiento, sino por la fuerza de un amor más grande: el abandono total a la voluntad de Dios.
El martirio es rojo, no solo por la sangre derramada, sino por la intensidad y el brillo de un regalo que no puede ocultarse. Es desprendimiento absoluto del ser, entrega total a Dios. Ningún mártir se reserva nada: vacían su vida, entregan cada gota de sangre para regar los campos del Señor, para nutrir y fortalecer a las nuevas plantas de la fe con el ejemplo más puro de amor.
Así, al grito de “¡Viva Cristo Rey!”, los mártires nos invitan a unirnos a su misma entrega, arrancados de este mundo para ser llevados a la presencia de Dios. Su testimonio no es solo memoria, sino llamada viva a que también nosotros vivamos con radicalidad el Evangelio, hasta el extremo del amor.
El Campamento: Escuela Viva del Martirio Claretiano
Precisamente esto es lo que el campamento no solo hace reflexionar, sino que llena el alma con este profundo sentido. Te inunda de un amor inspirador hacia la entrega total que Dios nos pide, unida al gozo de los jóvenes, al compañerismo fraterno y al gran amor a Dios en comunidad.
Se siente como un soporte divino: saber que no estamos solos en este mismo sentir, es profundamente inspirador. En el P. Andrés vemos el modelo fuego claretiano que arde en grupo, donde la reflexión florece en alegría compartida. Así, el campamento forja corazones de la semilla solitaria al fruto comunitario, listos para gritar “¡Viva Cristo Rey!” en la vida cotidiana.
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