MENSAJE DEL SUPERIOR GENERAL POR LA FIESTA DEL CORAZÓN DE MARÍA
- Autor: P. Mathew Vattamattam, CMF | Superior General
Queridos hermanos:
Al celebrar la Fiesta del Inmaculado Corazón de María, nuestros corazones se vuelven de gratitud y afecto hacia la Madre que ha acompañado a la Congregación desde sus mismos comienzos. Durante estos días de novena hemos contemplado el misterio de «El Corazón de María y la Palabra», recorriendo el camino por el que la Palabra de Dios fue acogida, guardada, meditada, cumplida y anunciada en la vida de María. Su Corazón aparece, así como la tierra buena donde la Palabra encontró acogida plena y dio fruto abundante para la vida del mundo.
A la luz de esta experiencia, los invito a contemplar el misterio del Inmaculado Corazón desde tres perspectivas.
Desde la perspectiva de María, su Corazón está enteramente entregado a Dios. El Magníficat nos revela a una mujer habitada por la Palabra, que no se coloca en el centro, sino que se alegra en la grandeza del Señor, quien ha hecho maravillas en ella. Porque su corazón estaba abierto a la escucha, a la fe y a la acción de Dios, fue escogida para convertirse en morada del Verbo y Madre del Salvador.
Desde la perspectiva de Dios, el Corazón de María es la casa del Espíritu y el espacio donde la Palabra encontró una acogida sin reservas. Es la fragua donde se formó la humanidad de Jesús y donde el sueño de Dios para la humanidad comenzó a tomar carne. El Inmaculado Corazón nos recuerda que, cada vez que la Palabra es acogida con fe en un corazón humano, el amor de Dios engendra vida nueva y hace surgir una humanidad renovada.
Desde nuestra perspectiva, el Corazón de María es hogar, escuela y camino. Allí nos descubrimos amados y acogidos por Dios. Allí aprendemos a escuchar, guardar, meditar, cumplir y anunciar la Palabra. Allí somos formados como discípulos y misioneros. Como hijos de su Corazón, sabemos que María no solo nos consuela; también nos transforma. En su Corazón, Cristo continúa formándose en nosotros para que su vida y su Evangelio lleguen a los demás por medio de nuestra misión.
Nuestro Fundador contempló a María como la gran formadora de misioneros. Se confió a sí mismo y confió la Congregación a su cuidado maternal porque sabía que solo corazones formados por ella pueden llegar a ser «hombres que arden en caridad». También nuestros Capítulos Generales nos han recordado que estamos llamados a ser, como María, oyentes y servidores de la Palabra. Cuando la Palabra habita nuestros corazones, nuestras comunidades se convierten en tierra buena que da fruto abundante para la misión. En medio de los desafíos de nuestro tiempo, estamos invitados a volver una y otra vez a esta escuela del Corazón.
Como peregrinos en el camino sinodal, que esta fiesta renueva nuestra convicción de que el Corazón de María sigue siendo la fragua donde Dios forma misioneros místicos y proféticos: hombres capaces de escuchar profundamente la Palabra, dejarse transformar por ella y anunciarla con pasión y esperanza. Dejémonos formar nuevamente por su amor maternal para que Cristo viva en nosotros y, por medio de nosotros, continúe tocando los corazones de su pueblo.
Que el Inmaculado Corazón de María renueve en cada uno de nosotros la gracia de estar arraigados en Dios, abiertos al Espíritu y audaces en la misión. Que ella nos enseñe a cantar nuestro Magníficat con la vida y a llevar la ternura del amor de Dios a todos, especialmente a quienes más necesitan esperanza.
Fraternalmente en el Corazón de María,
P. Mathew Vattamattam, CMF
Superior General
Roma, 10 de junio de 2026
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