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MOSAICO VIVO | P. MANUEL VILCHIS

Publicado Mayo 21, 2021

Por P. Alejandro Cerón Rossainz, cmf
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Manuel trató de ser una persona coherente, perfeccionista, detallista, exigente, entregado a la Congregación, innovador, gustaba de celebrar la vida, exquisito en la liturgia, simpático contando sus “chistes malos” decía.

R.P. MANUEL FRANCISCO GUADALUPE VILCHIS BERNAL, CMF

Nació en Toluca, Estado de México, un 12 de diciembre de 1944. Sus padres D. Manuel y D. Alicia. Su familia cercana a los Claretianos que le conocimos.  Acogedores y hospitalarios, con excelentes detalles como anfitriones. Eso el P. Manuel lo tenía, mostraba y ofrecía cuando uno visitaba la Comunidad Misionera donde se encontrase.

Ingresó a la Congregación, según archivos, un 12 de enero de 1957 en el postulantado en Morelia, Mich., y realizó su noviciado en Celaya en 1963 recibiendo su primera profesión un 12 de diciembre de 1964. Después de sus estudios filo-teológicos se ordenó sacerdote el 15 de julio de 1971 en la Parroquia del Purísimo Corazón de María, donde sería más adelante Párroco celoso y fiel.

Ejerció diferentes servicios en la Provincia. Inició en la pastoral vocacional y la formación y pasó después a mostrar excelentes cualidades en los servicios como Capellán de San Antonio María Claret, CDMX; Párroco en el Purísimo Corazón de María, Col. Del Valle, Ciudad de México; Corazón de María en Torreón, Coahuila y Sagrados Corazones en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Además, se distinguió en el área de gobierno de la Congregación, como Consejero y Vicario Provinciales para ejercer después el servicio como Superior Provincial de México por 8 años de 12 que no terminó, pues fue elegido para servir como Consultor General de la Congregación durante el sexenio 1997-2003 desde Roma, Italia.

Como todo ser humano que valora la vida, como un don a compartir y entregarla para que dé fruto abundante, tenía sus defectos y limitaciones sin embargo abundaron sus cualidades y libertad en su actuar. Presento algunas “virtudes misioneras” del gran Emmanuel, como solía llamarlo.

VIRTUDES MISIONERAS DEL P. MANUEL VILCHIS         

  • Líder y formador de sus hermanos. Es innegable su pastoreo, en la Provincia de México y más allá de nuestras fronteras. Con método, disciplina, conocimiento, precisión y estricto. Trabajar con él, era aprendizaje y formación; había que consultar-investigar para dar lo mejor. No escatimaba tiempo ni recursos para el Evangelio, al pendiente de todo. Varios lo consideraban duro y frío, sin embargo, era un pastor entregado al servicio de Dios, “el mejor perro ovejero de Jesús”, se autodefinía.
  • Corazón apostólico a lo Claret. Sacerdote para siempre al estilo de Claret, amaba la Congregación, sabía sus Constituciones, y conocía bien a sus hermanos. Defendía a quien veía en desventaja y enfrentó a quien maquinaba realizar alguna injusticia, incluso a las autoridades eclesiásticas diocesanas y vaticanas. Defender a los Claretianos era lo suyo, tener el temple para decirle en la cara al Obispo algún abuso o injusticia. Como Superior Mayor dio la cara por los hermanos cuando, con la convicción de hacer lo correcto y ser transparente, sabía de alguna injusticia y actuaba a favor de la verdad. Debo mencionar también que la espiritualidad no la descuidaba, estaba atento a ella.
  • Realista y objetivo. Conocedor de la situación real, inteligente, fuerte, tenaz y perseverante. Su “na, na, na no me engañas” era su expresión cuando le parecía que las cosas no iban a salir bien. Quizás para algunos era intolerante, pero más bien, era conocedor y realista, de admirar su buen gusto y elección; prueba de ello fueron los resultados que obtenía. Su esfuerzo daba fruto abundante.
  • Entregado sin reserva. Trabajador, en la oficina, con los grupos y en el Templo, en los trabajos y encomiendas como Misionero, Formador, Pastor, Provincial y Consejero General. Puntual y comprometido.

Manuel trató de ser una persona coherente, perfeccionista, detallista, exigente, entregado a la Congregación, innovador, gustaba de celebrar la vida, exquisito en la liturgia, simpático contando sus “chistes malos” decía. Excelente anfitrión, observador de su entorno e intuitivo.

Alguien compartió algunas líneas que él escribió como legado misionero: “... Los años más felices de mi sacerdocio han sido en el trabajo pastoral, principalmente en las parroquias. ¡Cómo añoro esos tiempos!... Después de tantos años de haber prestado servicios en el área de gobierno, desearía estar cerca del pueblo de Dios y trabajar con la gente sencilla. Tratar con los pastores no es siempre fácil y estar metido en ambientes de animación y coordinación, uno corre el peligro de volverse teórico, poco humano y, a veces, hasta incoherente”.

El Padre eterno le llamó a su presencia, en tiempos de la pandemia de la COVID-19, un sábado 21 de noviembre del 2020, de manera sorpresiva para la Comunidad que le asistía pues no manifestó situación de gravedad especial. Se le vio después de los alimentos con buen ánimo y platicador, aunque ya con un tanque de oxígeno, y esa noche sin urgencias ni alarmas, nuestra Madre en su Inmaculado Corazón hacía patente su promesa consoladora como Misionero Hijo del Inmaculado Corazón de María -CMF- de llevarlo al Cielo. Un día después de la celebración del Beato Andrés Solá y Molist, CMF y compañeros mártires de San Joaquín, a quienes profesaba especial devoción.

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