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MENSAJE CON MOTIVO DEL FALLECIMIENTO DEL P. GUSTAVO ALONSO TABORDA, CMF

Publicado Junio 18, 2021

Por P. Mathew Vattamattam, cmf. Superior General
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Hombre de pocas palabras y de profunda reflexión, el P. Gustavo Alonso encarnaba en su personalidad el rasgo del Corazón de María que dejaba pasar todas las experiencias a través de la sabiduría del corazón en silencio y de su capacidad de “fiat” para responder sin miedo a la llamada de Dios.

 

Queridos hermanos: Un cordial saludo.

Hemos recibido la noticia del fallecimiento de nuestro querido P. Gustavo Alonso Taborda, que murió ayer en Rosario, Argentina. Para nosotros, claretianos, el P. Gustavo Alonso representa el período de renovación postconciliar en la Congregación que tomó un impulso especial entre 1979 y 1991 cuando él animó la Congregación como Superior General. Ese legado continuó en los sucesivos Capítulos Generales aportando profundidad y amplitud a nuestra vida y misión en consonancia con  el espíritu de nuestro Fundador. El proceso de renovación postconciliar ha dado sus frutos en nuestras Constituciones renovadas, aprobadas en 1982 y re-aprobadas con las adaptaciones exigidas por el Código de Derecho Canónico renovado en 1986.

El cambio transformador previsto por el Concilio Vaticano II no ha sido fácil en la Iglesia y en la Congregación. Al presentar nuestra regla de vida renovada en 1982, el P. Gustavo Alonso escribió como Superior General:

Ella (esta regla) sea punto de convergencia de todos nuestros esfuerzos y momento de comunión de todas nuestras aspiraciones. Ella sea una palabra que sirva para unir, no para dividir; para estimular el fervor de la caridad, no para defender posturas egoístas; para formar apóstoles conforme al espíritu de San Antonio María Claret”. A medida que hemos avanzado, las Constituciones se han convertido en el texto que ha promovido la vida en el Espíritu, un vínculo de comunión para la renovación de nuestra misión.

La mayoría de nuestros misioneros, especialmente las generaciones más jóvenes de hoy tal vez no sean conscientes de las dificultades que sobrellevaron nuestros misioneros, especialmente el P. Gustavo Alonso, para acoger y caminar en el espíritu de renovación del Concilio Ecuménico. Yo mismo no he vivido la angustia de ese período pero he recibido los primeros frutos de sus luchas. Quiero dejar constancia de nuestra profunda gratitud y amor al P. Gustavo Alonso y a todos los que trabajaron con él por la renovación de la Congregación y que la dejó en disposición de caminar con el Espíritu de Cristo cueste lo que cueste.

Estamos en otro momento de cambio y transformación en la sociedad y en la Iglesia que requiere el mismo tipo de arraigo y audacia que nace de la fe profunda, que irradia amor y esperanza fragante. Hombre de pocas palabras y de profunda reflexión, el P. Gustavo Alonso encarnaba en su personalidad el rasgo del Corazón de María que dejaba pasar todas las experiencias a través de la sabiduría del corazón en silencio y de su capacidad de “fiat” para responder sin miedo a la llamada de Dios. De cara a la revolución de la ternura que el mundo necesita hoy en sintonía con “Fratelli Tutti”, también nosotros necesitamos estos rasgos del Corazón de María.

Estoy seguro de que el P. Gustavo Alonso formará parte de nuestro camino desde el nuevo destino que Dios le ha asignado en la plenitud de la eternidad porque su amor por la Congregación y su misión serán ilimitados desde ahora. Rendimos nuestro homenaje al P. Gustavo Alonso, y a todos los misioneros de la renovación postconciliar, manteniendo en alto la antorcha de nuestro carisma, y continuando el camino de renovación y rejuvenecimiento de nuestra presencia misionera en la Iglesia.

Doy gracias al Señor por la vida y el testimonio del P. Gustavo Alonso y, de manera especial, expreso mi cercanía y condolencia al P. Mario David Gutiérrez, Superior Provincial de San José de Sur, a todos los misioneros de la Provincia y a los familiares y amigos del P. Gustavo Alonso.

Que su alma descanse en paz. Fraternalmente,

P. Mathew Vattamattam, CMF

Superior General

Roma, 18 de junio de 2021

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