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VOLVAMOS AL ESPÍRITU DE NUESTROS ORÍGENES

Publicado Julio 16, 2021

Por P. Mathew Vattamattam, cmf. Superior General

Mensaje en el 172 aniversario de la fundación de la Congregación

16 de julio del 2021

Queridos hermanos:

El 16 de julio, en el aniversario de la fundación de nuestra Congregación, os invito a dedicar unos instantes a contemplar a nuestro Fundador y a sus cinco compañeros en la sencilla celda del seminario de Vic, bajo la imagen del Corazón Inmaculado de nuestra Santísima Madre. Hemos de centrarnos en el fuego de amor que ardía en sus corazones y que los convirtió en una comunidad movida por el celo que nos hace ir de un lugar a otro para anunciar la Buena Noticia. El Padre Claret se refería a sus compañeros como personas «a quienes Dios nuestro Señor había dado el mismo espíritu de que yo me sentía animado»[1]. No comenzaron su obra por medio de un plan estratégico de futuro, sino gracias al amor que ardía en sus corazones y que respondía al deseo de la gente de recibir la Palabra de Dios. Tampoco sabían cómo afrontarían los gastos necesarios para llevar a cabo su visión y su misión, pero tenían la certeza de que el Señor que les había llamado proveería lo que fuera necesario. De hecho, la grande obra iniciada aquel día con unos hombres tan jóvenes y tan poco numerosos contó con esta convicción del Fundador para impulsarla: «[…] si somos pocos, resplandecerá más el gran poder de Dios»[2]. Así, la primera comunidad se dedicó a predicar y dar retiros con tal ardor que un sacerdote dominico recordaba años después: «Parecía que aquellos misioneros salían del Cenáculo; yo lo vi; era una imagen de Pentecostés»[3].

El don de nuestro carisma misionero no es un hecho puntual y circunscrito al día de la fundación. Nuestra Congregación se renueva cada vez que el Señor enciende el mismo fuego carismático en una persona que se incorpora al proyecto misionero de la comunidad claretiana. Sí, cada uno de nosotros ha recibido «el mismo espíritu». La Congregación se refunda cada vez que los misioneros claretianos reunidos en Capítulo General escuchan los signos de los tiempos y disciernen colectivamente lo que el Señor les pide en la Iglesia y en el mundo. Nuestro espíritu carismático despierta del letargo cada vez que afrontamos contratiempos, dificultades, persecuciones y martirios, y pagamos el precio de permanecer fieles a nuestra vocación.

Por otro lado, nuestra Congregación sufre inercias y retrocesos cuando se apaga el fuego en nuestros miembros y en nuestras comunidades, y cuando nuestro celo apostólico sucumbe ante miedos de diversa índole (al fracaso, al riesgo, a la persecución, a perder comodidades, etc.), llegando a convertirnos en cómplices de otros espíritus en lugar de ser colaboradores del Espíritu de Cristo. Perdemos la razón de ser como Congregación cuando se elige cualquier camino distinto al de Cristo para evitar el camino de la Cruz.

En el umbral del XXVI Capítulo General, nos encontramos ante múltiples retos y cambios radicales en el mundo. Es un momento en el que debemos tejer nuestra fraternidad con el hilo de nuestro carisma y unirnos con alegría para co-crear nuestro futuro misionero junto al Espíritu del Señor Resucitado.

Siguiendo a nuestro Fundador, estamos llamados a dejar que su espíritu carismático moldee nuestra vida y misión, imitando a Jesús y explorando formas creativas para llevar el mensaje del Evangelio al Pueblo de Dios. Ello implica estar dispuestos a desprendernos de las viejas seguridades, a generar espacios comunitarios amplios en que acoger las diferencias y cosechar la sabiduría colectiva, y a cultivar esa inteligencia relacional que nos permite celebrar nuestra realidad pluricultural. Necesitamos estar arraigados en Cristo para ser audaces en la misión.

En aquella primera fase de fundación de la Congregación, toda la comunidad claretiana compartía un espíritu de aprendizaje e iniciación: con corazón de discípulo y mente de principiante, los primeros misioneros exploraron diversos modos para que Cristo fuese conocido, amado, servido, alabado y proclamado en cada contexto. Ahora, en esta fase de refundación, son necesarias las mismas actitudes de apertura y exploración para lograr que el Capítulo General acontezca en la Congregación como un nuevo Pentecostés.

Encomendemos a cada misionero claretiano y a toda la Congregación a la obra del Espíritu al acercarnos al XXVI Capítulo General. De modo que no sucumbamos al pánico de estos tiempos pandémicos, sino que nos prepararemos responsablemente para celebrar el Capítulo, sabiéndonos acompañados por nuestra Santísima Madre y sostenidos por la intercesión de nuestro Fundador y de los mártires claretianos.

Os deseo a todos una celebración muy fructífera del centésimo septuagésimo segundo aniversario de la fundación de nuestra Congregación.

 

P. Mathew Vattamattam, cmf
Superior General

 

[1] Aut. 489.

[2] JAIME CLOTET, Vida Edificante del Padre Claret, 252, Madrid (2000), p. 252; cf. Aut. 490.

[3] CRISTÓBAL FERNÁNDEZ, Compendio histórico de la Congregación de los Hijos del Inmaculado Corazón de María, vol. I, pp. 62-63.

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