Logo Claretianos

La Palabra de Dios y los Derechos Humanos

Publicado Noviembre 20, 2021

Por Hno. Juan Carlos Bugarín Lara, cmf

Desde que estudié la carrera en Derecho me fascina encontrar textos bíblicos que hablan sobre la impartición de justicia. Sobre todo, porque en medio de una sociedad secularizada se cree que la Biblia esclaviza y tiene poco que decir en los temas actuales, lo cual descubro es completamente falso.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada en 1948, cuenta con 30 artículos que enlistan los derechos que todo individuo tiene por el hecho de ser persona. Nuestro libro sagrado para los cristianos, la Biblia, cuenta con 73 libros con un sinfín de palabras y frases que aluden a la justicia, apelando a que todos gozamos de la misma dignidad por ser hijos de Dios.
En la actualidad se hace mucho énfasis en la inclusión, es decir, en no hacer diferencia por motivo de raza, religión, sexo, estatus social, lengua, discapacidad o preferencia sexual. San Pablo en su Carta a los Gálatas expone que al unirse a Cristo, ya no existe judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos tienen la condición de hijos de Dios (cf. Ga 3,26.28).
A la sociedad le consterna que a los pobres se les humille y se les exhiba, incluso que los grupos más desfavorecidos tengan acceso pronto y gratuito a la justicia, ya que es evidente que el pobre, no pocas veces, es ignorado por las autoridades. Pocos creen en una chica de la calle que dice haber sido abusada, no se investiga el homicidio de un indigente o el reclamo de una mujer indígena de ser golpeada.
A los que sufren de injusticia, son los predilectos de Yahvé, Él se convierte en juez y parte, como buen abogado toma parte con el pobre y como juez justo, aunque dicho de mejor manera, como padre amoroso juzga y dicta justicia. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta, que reconozca que el otro es su hermano y que ambos tengan vida plena (cf. Ez 18, 21. 33, 11).
No podemos negar que hoy existe una enorme gama de leyes y códigos que protegen los derechos de los ciudadanos y sancionan a los infractores. Sin embargo, pareciera que la ley se interpreta de manera desigual, causando la sensación que sobreprotege ciertos sectores y condena a otros. Lo cual lleva a una sensación de que nuestras leyes civiles son injustas.
El creyente no se puede permitir conformarse con el orden actual del mundo, debe luchar desde su trinchera por con seguir una sociedad más justa. Nosotros podemos ubicar una larga lista de personas que lucharon movidos por su fe para que al otro se le reconozca su igualdad y dignidad. A muchos los asesinaron, sin embargo, los podemos proclamar dichosos por ser perseguidos por causa de la justicia (cf. Mt 5,10).
Si reflexionamos, 73 años atrás son pocos para reconocer que somos iguales por el hecho de ser persona. Esto lo comparo con los años de investigación en medicina, ingeniería, fabricación de armas y la lista puede seguir. Qué le pasó a la humanidad para que en el siglo pasado siguiera existiendo la distinción por motivos raciales en muchos países desarrollados.
Jesús quien se convierte en nuestro justiciero, a quien en carne propia le tocó someterse a un proceso judicial injusto, llevado por los romanos, quienes dejaron marca en el estudio del Derecho, como un sistema casi perfecto en su momento. Nuestro salvador dirá “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34). No basta con manejar la ley, es necesario aplicarla con misericordia.
La Biblia antecede a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, los cristianos nos podemos jactar que ya teníamos, desde hace siglos, una declaración divina de derechos humanos. Ahora la tarea es buscar el Reino de Dios y su justicia divina (cf. Mt 6,33). Un buen cristiano es un buen ciudadano, o mejor dicho, un buen hermano. Todos somos hijos de Dios.
Para cerrar, quiero aclarar que no minusvaloro la Declaración Universal de Derechos Humanos, porque era justo y necesario se plasmara en un documento de índole universal para que llegara a todos los rincones del mundo. No dudo que esta declaración tuvo influencia de creyentes convencidos que todos somos iguales por ser hijos de Dios.
Hno. Juan Carlos Bugarín Lara, CMF
 
Visto 75 veces

CMF

Acceso CMF

Acceso al área reservada para los miembros de la Congregación.

Acceda con la cuenta proporcionada por el Administrador