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LA PALABRA DE DIOS COMO CENTRO E IMPULSO DE LA VIDA MISIONERA

Publicado Febrero 15, 2020

Por P. Jesús García Vázquez, cmf

Jesús envía a los setenta y dos. Después de esto, el Señor escogió a otros setenta y dos para enviarlos de dos en dos delante de él a todo pueblo y lugar adonde él pensaba ir. Es abundante la cosecha —les dijo—, pero son pocos los obreros.

Pídanle, por tanto, al Señor de la cosecha que mande obreros a su campo. ¡Vayan ustedes! Miren que los envío como corderos en medio de lobos”. (Lucas 10, 1-3).

Antes que nada, quiero decirte que tú eres uno de los 72 a quien el Señor está llamando. Creo que Dios te llama por dos rezones: 1. Es mucho lo que tiene que cosechar y solo tiene doce trabajadores. 2. Él sabe que tú eres uno de los que le pueden ayudar en este trabajo. Solo falta que quieras.

Déjame que te cuente una anécdota.

Cuando era yo niño, casi un adolescente, un día un señor, me invitó a cosechar maíz me dijo que le urgía y me pagaría tres pesos al día. Acepté con mucho gusto, al ver cómo mis padres se esforzaban para darnos de comer a ocho hermanos. A mis padres les dio mucho gusto que me fuera a trabajar. Mi madre me preparó un morral con unos cuantos tacos de frijoles para comer en el trabajo. No éramos 72, solo unas 20 personas que teníamos que trabajar por el mismo objetivo: lograr que el patrón recogiera su cosecha y cuando terminamos el trabajo, preparó un banquete para todos con un riquísimo ponche de granada.

Uno de los detalles que más me gustaron fue que a medio día, cuando el hambre arrecia, el patrón preparaba una fogata para calentar los alimentos que compartíamos y los primeros que se terminaban, eran mis taquitos de frijoles que mi madre preparaba con mucho amor.

El Señor Jesús necesita trabajadores que sepan trabajar en equipo por un mismo fin, cosechar seres humanos para llevarlos a la era y de allí a la casa del patrón. En este tipo de trabajo debemos echarnos la mano unos a otros sin envidias, sin protagonismos, sin buscar otros intereses que la de llevar la cosecha al granero del patrón.

Como la Palabra de Dios nos manifiesta todo su plan salvífico, es como la herramienta para cosechar personas, como el instrumento para quitarles la hojarasca y la basura del pecado y encaminarlos a Dios que quiere que todos los hombres se salven. La Palabra de Dios es como la lámpara que nos ilumina para ver la mugre y las malas intenciones que nos ofrece el demonio en tantas ideologías que nos destruyen con engaños y mentiras. Por eso, el que se dedica a utilizar esta herramienta debe vivirla primero para comunicarla con éxito. Para que Dios se manifieste en quien la predica. La Palabra de Dios es Cristo que se hizo carne. Como una semilla que se debe sembrar después de haberla dejado germinar en quien la siembra. De lo contrario, se corre el riesgo de decir mentiras y sembrar lo que no es la Palabra de Dios. Y, para que tomemos, los predicadores más consciencia de ello, el Papa Francisco le ha dedicado a La Palabra de Dios, el III Domingo del Tiempo Ordinario. Te invito a que leas la Carta Apostólica: Aperuit Illis.

 

Quiero invitarte a que, si sientes el llamado del Señor, dile que sí. Vale la pena trabajar con Él, es un verdadero honor ser elegido por Él. ofrece muy buen salario para ti y te aseguro que no encontrarás otro trabajo mejor remunerado que este.

¡Anímate! Él te ha elegido porque te ama. Si ya estas cosechando, no desistas, aunque el frio muerda y el cansancio agote, debemos morir cosechando porque la cosecha es mucha y los trabajadores pocos y cada vez somos menos. ¡Mucho ánimo!

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