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EL PROTAGONISMO DE LA MUJER EN LA BIBLIA

Publicado Mayo 17, 2021

Por P. Juan Manuel Buzo, cmf

Como cada año en la costumbre de nuestros pueblos en el mes de mayo, se agradece a la Virgen María su maternidad y disposición al cumplimiento de la voluntad de Dios, mediante el rezo del rosario y el ofrecimiento de flores en el templo; en tiempos de pandemia quizás lo estén haciendo desde los hogares.

Pero también, hay que recordar que la Virgen María y muchas mujeres más a lo largo de la Sagrada Escritura son protagonistas y cumplidoras de la voluntad del Padre.

En el pueblo de Israel el papel del hombre y la mujer estaban claramente definidos. La esfera femenina comprendía tradicionalmente el hogar y todo lo relacionado con él, incluida la crianza de los niños, la supervisión de los criados (cf. Prov 31,11-15) y en muchos casos la economía doméstica. Sin embargo, en la Biblia Dios no hizo distinción de sexo al elegir personas para cumplir su voluntad, comunicar su palabra o conducir a su pueblo.

Mujeres valerosas y llenas de fe respondieron al llamado de Dios, he aquí algunos ejemplos que cito brevemente:

Sara, esposa de Abraham, a quien Dios prometió un hijo cuando ya eran de la “cuarta” edad. Ella dio a luz a su único retoño, Isaac, a edad avanzada (cf. Gn 21,1-7). El Apóstol Pedro cito a Sara como ejemplo de mujer santa y encomendada a Dios y poseedora de una belleza espiritual interior (cf. 1Pe 3,3-6).

Puá y Sifrá, dos parteras de la época en que los israelitas eran esclavos de Egipto: desobedecieron las órdenes del Faraón que había determinado la muerte de todos los varones hebreos recién nacidos (cf. Ex 1,15-22).

Jocabed, esperó hasta que su nene, Moisés, tuviera tres meses antes de obedecer la orden del Faraón de arrojarlo al río Nilo; colocándolo en una cesta flotante. Gracias a la fe y el ingenio de su madre, Moisés fue hallado por la hija del Faraón que lo crio y educó en la casa de este (cf. Ex 1,22-2,10).

 

Débora, fue profetisa y jueza. Reunió y organizó el ejercitó que liberó a Israel de las fuerzas de ocupación de Yabín, rey de Canaán (cf. Jc 4,1ss).

Rut, dejó Moab, su tierra natal, y optó por seguir a Dios y cuidar de su suegra Noemí que había quedado viuda. Por ello Dios la bendijo enormemente. Se estableció en Belén y fue antecesora del rey David y del propio Jesús (cf. Rt 1,1ss; Mt 1,5).

Ana, una mujer sin hijos, prometió a Dios que si le daba un niño lo dedicaría a su servicio. Dios respondió a su oración, y Ana llegó a ser madre del profeta Samuel (cf. 1Sam 1,1ss).

Abigail, salvó la vida de sus criados y de su familia y se libró ella misma de la muerte después de que su violento marido ofendiera al futuro rey David. Abigail salió al encuentro de David para entregarle un mensaje de Yahvé y así lo disuadió de vengar la afrenta que había sufrido (cf. 1Sam 25,2-35).

La viuda de Sarepta, creyó y obedeció al profeta Elías, con lo que consiguió salvar tres vidas: la de él, la suya y la de su hijo. A lo largo de tres años de hambruna su provisión de aceite y harina no se agotó (cf. 1Re 17,1-16).

Juldá, profetisa contemporánea del profeta Jeremías, fue consultada por el rey Josías sobre la autenticidad de cierto libro hallado en las ruinas del templo. Gracias al testimonio de ella, el reino de Judá volvió a abrazar la fe en Yahvé (cf. 2Re 22,12-20).

Ester, era una joven judía que llamó la atención de Jerjes (Asuero), rey de Persia y llegó a ser reina. Cuando Amán, un corrupto ministro de la corte, ordenó que matarán a todos los judíos del reino, Ester arriesgó la vida para salvar a su pueblo (cf. Est 1,1ss).

Marta y María, amigas de Jesús junto con su hermano Lázaro. Una escucha las enseñanzas de su Maestro y la otra se afana por atenderlo y reconocerlo como el Mesías e Hijo de Dios (cf. Lc 10,38-42; Jn 11,20-27).

La Samaritana, después de su encuentro y su hermoso diálogo con Jesús va de misionera con sus paisanos y habla de Él (cf. Jn 4,1-30.39-42).

María Magdalena, discípula y cercana a Jesús, quien tiene el privilegio de ser la primera en verlo resucitado y ser enviada (Apóstola del Resucitado) a sus discípulos para comunicar esta alegre noticia (cf. Jn 20,1-2; Mc 16,1-10).

Lidia, vendedora de telas del puerto griego de Filipos abrazó la fe y apoyó la obra misionera de los Apóstoles (cf. Hch 16, 13-15).

Lois y Eunice, abuela y madre de Timoteo, a quien instruyeron desde pequeño en el conocimiento de las Escrituras y quien fue luego uno de los dirigentes de las iglesias de casa. Ambas fueron reconocidas por su fe (cf. 2Tim 1,5).

Estas mujeres y muchas otras hasta nuestros días, fueron fieles a su vocación, hicieron frente a las adversidades y dieron un ejemplo de fe, valentía y amor a Dios y a su pueblo.

Hoy el Papa Francisco dando un paso más, reconoce su labor y cercanía e instituye los ministerios para ellas. Muchas de ellas ocupan un lugar en nuestra pastoral, catequesis, liturgias y celebraciones. ¡Vaya! Nuestro reconocimiento y gratitud por su presencia y disponibilidad al querer de Dios.

Como dice el P. José Cristo Rey García Paredes:El clericalismo y el machismo nos amenazan a los varones como formas inauténticas de realizar y vivir nuestro ministerio.  Hay nuevos paradigmas que nos piden recurrir al Espíritu Santo, de Dios Padre y de Jesús y discernir unas nuevas praxis. Y este discernimiento no depende de una sola persona o de una élite eclesial. Es necesario un discernimiento “sinodal” atendiendo y obedeciendo a los signos del Espíritu en nuestro tiempo (Revista Vida Religiosa, 2021).

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