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VINO NUEVO Y TELA NUEVA EN EL CAMINAR EN EL AÑO 2022

Publicado Enero 21, 2022

Por P. Irenius Banggun, cmf

Después del año viejo entramos en el año nuevo. Después de cada día, de cada semana, de cada mes siempre nos espera algo nuevo.

Un inicio sigue a otro y el pasado es rebasado por el futuro. Todo lo que comienza termina, nada es duradero, todo es vano.  Y como dice Qohelet: “Todo tiene su tiempo” (3,1ss).

Como creyentes, tenemos la fortuna de que Jesús comparte nuestra historia. Él al hacerse hombre, entró en el tiempo. Nació en la época del emperador César Augusto y murió en el periodo de Poncio Pilato. Sin embargo, su nacimiento y su muerte se convirtieron en realidades eternas.

Y hablando de tiempo, estoy seguro de que muchas personas terminaron el año 2021 con experiencias exitosas y lindas. Pero hay otras que siguen llevando la amargura del año anterior por los problemas de la pandemia, Covid 19. Y ante esto, se quedan nuevas preocupaciones de volver a la misma situación del pasado, pero también, hay esperanza como dice el profeta Jeremías: “Hay esperanza de un provenir” (31, 17).

En estos tiempos los ministros en las ceremonias litúrgicas están dando la comunión en la mano, pero, se encuentran personas que, ancladas en la costumbre, hasta ahora no quieren comulgar en la Santa Misa con el argumento de que no pueden recibir la hostia en sus manos, ya que estas no están consagradas. Y esto hace que se surjan controversias.

Las controversias están presentes en la vida humana. Algo mismo es lo que pasó en la vida de Jesús que enfrentó a los representantes de los publicanos, a los fariseos y a los seguidores de Juan Bautista en un debate sobre el tema del ayuno.  Murmuraban entre ellos y reclamaban: ¿Por qué sus discípulos no ayunan? Es que para los judíos y los fariseos el ayuno era una práctica obligada, ayunaban hasta dos veces por semana. Pero, como buen judío Jesús no rechaza el ayuno en cuanto tal, sino afirma la libertad de ayunar cuando ello es conveniente; es evidente que no considera obligatorias las costumbres de los fariseos. El ayuno en cuestión es símbolo del Antiguo Testamento, del viejo estilo religioso. Así que: “Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar” (Cfr. Mc 2, 18-22).

Jesús sabe cómo piensan ellos y expresa su incomodidad en dos parábolas: "Nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo, porque entonces el remiendo al encogerse tira de él y se produce una rotura peor. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces el vino romperá el odre, y se pierde el vino y también los odres; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos” (Mc 9, 16-17).

Frente a la religiosidad ritualista y formulista repetidas veces Jesús dijo no a lo viejo inservible. Propone una religión en Espíritu y en Verdad. Frente a la ley de la obligatoriedad, la ley de las bienaventuranzas. Frente al templo material de Jerusalén, el templo de su persona. Frente a los sacrificios de animales de la antigua alianza, el sacrificio de sí mismo realizado una vez en la cruz y actualizado constantemente en la Eucaristía para la salvación del mundo.

 

Nuevo año, nueva vida

Jesús les estaba presentando dos ilustraciones sobre esta nueva vida de amor y compañerismo con Él. Les estaba diciendo que no había venido para dar brillo a la ley, ni para añadir nada al sistema de la Ley de Moisés, ni para agregarle refinamiento o un cierto desarrollo (Cfr. Mt, 5,17). Él había venido para realizar algo nuevo. No había venido para remendar un vestido viejo, sino para proporcionarnos nuevas vestiduras.

La Buena Nueva que trae Jesús es algo radicalmente nuevo. Las antiguas estructuras, establecidas, (externas, tales como las reglas religiosas o internas, como la manera de pensar) son inadecuadas para contenerla.

Al comenzar este año nuevo, será bueno buscar nuevas metas en nuestra vida. Las personas satisfechas se fijan metas ambiciosas y trabajan disciplinadamente para alcanzarlas. Alcanzar una meta hace feliz a las personas. Y estar en camino hacia una meta reporta una profunda satisfacción interior. 

Ante muchas cosas que no podemos cambiar podemos iniciar un proceso de aprendizaje y también debemos de aceptar lo que nos ocurre inesperadamente. Esta actitud ante la vida describe la disposición anímica fundamental de muchos personajes bíblicos. María aceptó el anuncio del ángel sobre su maternidad: “Hágase en mi según tu voluntad” (Lc 1, 38).  Y Jesús tras su lucha consigo mismo y con Dios en el Monte de los Olivos, dice: “Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (Mt. 26, 42).

Tenemos que dejar que actúe en nosotros y en nuestra comunidad el vino nuevo del Espíritu de Cristo, fermento de nuevas relaciones con Dios y con los hermanos. Con el vestido nuevo se representan las buenas obras exteriores y con el vino nuevo el fervor de la fe, de la esperanza y de la caridad que nos reforman interiormente.

Por último, recordemos que el apóstol Pablo nos anima con sus palabras en su segunda carta a los Corintios: “Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo” (5,17).

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