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Jóvenes, la esperanza de la frontera

 

De poco sirve la riqueza en los bolsillos cuando hay pobreza en el corazón

Enrique Mascorro

Somos jóvenes migrantes y vivimos nuestro servicio evangelizador acompañando a los jóvenes. Nuestras edades varían entre los 15 hasta los 25 años, pero siempre con la alegría y el entusiasmo que nos caracteriza a los jóvenes. ¡Qué mejor que un joven le hable a otro joven sobre Dios! y le comparta como la fuerza de Jesús nos compaña y camina con el pueblo de Dios. 

Nuestra comunidad se localiza en Ciudad Juárez, al norte de México, con una población de 1,320,000 habitantes, aproximadamente. Se caracteriza por la rica presencia de migrantes, en su mayoría de nuestro mismo país (del norte, centro y sur de México) y de países centroamericanos y sudamericanos, que han llegado a la ciudad por la oferta laboral de las maquiladoras y para cruzar a Estados Unidos en busca del “sueño americano”. De una u otra manera todas y todos somos migrantes.

Jóvenes evangelizando a los jóvenes 

En el año 2012 se creó formalmente nuestro movimiento juvenil llamado JUCLA (Juventud Claretiana), cuyo objetivo principal es acompañar a las y los jóvenes en su proceso de «conversión» o transformación personal con el sacramento de la confirmación. La comunidad cuenta con 300 jóvenes activos, que desarrollan sus cualidades al servicio de la comunidad y de la ciudad. 

Vivimos en una ciudad afectada por la inseguridad y la violencia, tan sólo en el año 2017 se contabilizaron 772 homicidios dolosos. Hay jóvenes que no han tenido un encuentro profundo con Jesús y se ven inmiscuidos en serias problemáticas, como: drogadicción, narcotráfico o en redes delictivas. Esta desafiante realidad es nuestro principal motor para salir al encuentro de la juventud. 

Para nosotros es una bendición estar acompañado a los jóvenes y comprender que no existen barreras ni fronteras para decir no puedo entregarme a los demás. Nuestro movimiento juvenil es un ejemplo de cómo la fe y la solidaridad son integrales. A través de esta misión cristiana y claretiana te haces consciente de que, ayudar al prójimo es lo mejor que te puede suceder en la vida. Las sonrisas de los otros, especialmente, de los pobres, es el mejor agradecimiento a nuestro servicio. 

“No amemos de palabra sino con obras” (1Jn 3, 18)

JUCLA, aparte de centrar su atención en los jóvenes, también, nos hemos sumado a las causas de nuestra ciudad. El 7 de enero del 2018 se llevó a cabo una marcha por la Jornada Mundial de los Pobres. La causa principal era a no omitir esta realidad de pobreza en la que vivimos. 

En esta marcha, convocada por el Papa Francisco, mostramos a través de frases y de nuestra vida, que «La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados, pisoteados por la lógica del poder y el dinero». Caminamos por las calles de nuestra ciudad, viendo por los que nadie ve, por los que menos tienen: “¿Quién dijo que los jóvenes no nos preocupamos por los demás?”. 

Al finalizar la marcha, nos unimos a la celebración eucarística en la que se presentaron algunos signos: los tenis de los migrantes, las herramientas de trabajo de las maquiladoras, los niños y niñas como fuente de esperanza, y la manta con rostros de mujeres desaparecidas. 

La celebración fue un soplo de esperanza y de solidaridad con aquellos que son más vulnerables. También, fue un espacio para reflexionar que «La pobreza es fruto de la injusticia social» y ante esa realidad, nosotros no queremos hacer caso omiso porque «El pecado más grande es la indiferencia ante los pobres». 

El agradecimiento más grande es una sonrisa

Un día previo a nuestra marcha por la Jornada Mundial de los Pobres, realizamos una campaña de recolección de juguetes y de ropa que fueron entregados a los niños y niñas que viven en situación de extrema pobreza. Se repartieron los juguetes en las colonias marginales de la ciudad (Rancho Anapra, El Kilómetro 30).

Lo que hacemos es sencillo: entregar nuestro tiempo y servicio a los demás, especialmente, a nuestros hermanos que necesitan signos de esperanza. Nosotros somos gente pobre ayudando a gente pobre y creemos que el poder y el dinero no son criterios para que una persona tenga más valor que otra. 

En ocasiones no podemos ofrecer más que una sonrisa o una palabra de aliento y eso es suficiente para ayudar al otro, tal como nos enseña el Papa Francisco: “de poco sirve la riqueza en los bolsillos cuando hay pobreza en el corazón”. De este modo, mostramos que el compromiso cristiano es servir a Dios no con palabras sino con hechos y con la verdad. La sonrisa en un niño, la felicidad de una madre, son algunos de los momentos más satisfactorios en nuestro servicio como jóvenes. 

 

Autoras

Mirna Maleny Martínez Magallanes, Ana Cristina Gutiérrez Jiménez y jóvenes colaboradores de JUCLA. Recopiló: Hno. Sabás Cristóbal García González, CMF. 

 

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