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Santiago, el amigo

“En la vida es importante tener un amigo que sea espejo y sombra, el espejo nunca miente, y la sombra nunca nos abandona”.

P.Santiago Sánchez.cmf

Echando las redes

Eran los tiempos de echar la red. Corría el año 1951 y el postulantado de Toluca estaba lleno. Entre los 120 postulantes Santiago era el niño de 10 años. El más pequeño. Pertenecía al grupo de “los previos”; porque no había terminado la instrucción primaria. “Los previos” tenían, por aquel entonces, al maestro Cecilio Olza Elizalde, claretiano, hermano religioso español, muerto en 1963, que los preparaba en las materias de primaria. En la “Escuelita Claret”, creada por la Santa Veracruz con maestros amigos, se reconocían los estudios, previos exámenes aprobados por la Secretaría de Educación. Santiago sería desde entonces el alumno excelente, junto con tres compañeros más, entre los 60 “previos” del postulantado de Independencia 66.

El P. Julián Martínez Miquélez, superior del postulantado, guía certero y firme de la Provincia decía: “Un postulante que aspira a ser Hijo del Corazón de María debe tener estas calificaciones: Español, diez; Matemáticas, diez; Geografía, diez; Literatura, diez; Latín, diez; Conducta, diez y Piedad, diez”. ¡Qué tiempos!

Mis recuerdos de infancia

Entre las materias de Humanidades, además del latín y griego, se estudiaba Literatura Preceptiva con excelentes profesores claretianos. No sólo se buscaba el mejor modo de expresarse en prosa sino que se incursionaba también en la poesía. Estaba prohibida la simple versificación. Recuerdo partes rotas de algo que escribió Santiago: “Yo no sé, si he nacido para ser siempre oprimido por un número infinito de pesares… ¡Cuántas veces las miradas de mis ojos se han fijado quien piadoso mi dolor acompañara!… ¡Cuántas otras…!  La memoria falla.

Feliz idea tuvo el P. Usabiaga de poner a sus alumnos a escribir un libro. Santiago tenía 15 años. El tema del libro lo escogía cada alumno. Era manuscrito y se encuadernaba en rústica. El Mesón de las Vallas, Jalisco, lugar donde nació Santiago, comenzó a aparecer en los recuerdos bucólicos del autor. Y eran las noches de luna a la orilla del río, y la serenata que brindaban a la noche los grillos, y el ondular del palmar acariciado por el viento y el amor sufrido de don Joaquín y su esposa, sus papás… Y los viajes a Pihuamo… El tribunal que calificó los trabajos, premió con el tercer lugar el libro “Mis recuerdos de infancia” escrito por Santiago. El premio fue otro libro: La Imitación de Cristo, en una edición de bolsillo. El P. Fito Villaseñor Meza, con buen tino, conservó en una “Antología Poética” aquella riqueza literaria…

El noviciado

Era el mes de septiembre de 1956. Los fríos corredores de la antigua casa de la ex Hacienda de Santa Cruz de los Patos, dio albergue, durante 4 meses al noviciado de Santiago. El hábito recién estrenado de los 16 novicios los protegía del frío invierno de aquel año. El estudio de las Santas Constituciones y del Espíritu de la Congregación del P. Xifré, calentaban el alma de los novicios. Las sabias palabras del P. Marianito Álvarez López, maestro de novicios, eran la guía de la próxima vida religiosa del P. Santiago.

Fue necesario cambiar la sede del noviciado en enero de 1957 a un lugar más cálido; y se escogió Celaya, Guanajuato, estado central del país. La casa solariega con un pequeño claustro conventual, fue el ambiente religioso propicio para decidir su primera profesión religiosa. Santiago profesó cuatro días después de sus compañeros hasta no cumplir la edad canónica.

Los años de filosofía

El regreso al colegio nuevo de Santa Cruz, donde el claustro de profesores especializados impartía las clases de Filosofía, fue la confirmación de la inteligencia natural del padre Santiago. Inteligencia fácil, clara, pronta y espontánea. Supo cultivar una vida de oración que siempre le acompañó, aún en los momentos de mayor actividad misionera en la zona tacuate de Oaxaca o en las costas michoacanas. Fue lento para los deportes; pero diligente para los trabajos comunitarios en los jardines del colegio.

Recuerdo su gusto por la Filatelia. Se había iniciado, cursos atrás, una oficina filatélica en el claustro segundo del colegio. Fue el lugar que despertó la afición de Santiago por los timbres postales del mundo y la comunicación e intercambio de los mismos con filatelistas de otros países. Sus conocimientos se ampliaron y, seguramente, su conciencia misionera se hizo más fuerte.

Y los destinos distintos nos separaron

Llegaron los años 60’ y los destinos nos separaron. Después de dos años, como profesor en el postulantado de Morelia, Santiago comenzó sus estudios de Teología en Colombia. El 15 de agosto de 1968 recibió la Ordenación Sacerdotal en la Casa Madre de la Congregación en México.

El misionero sabio

Misionero desprendido y libre de equipaje. Encontró la verdadera sabiduría en la Palabra de Dios, el amor verdadero en la Madre del Amor Hermoso y la misión más bella en el Padre Claret, el misionero apostólico. Lo repitieron los tacuates de Oaxaca, los michoacanos de Guacamayas, los niefang de la Guinea Ecuatorial y los afrodescendientes de la Costa Chica.

Una vida misionera oblativa

Su firme vocación claretiana lo llevó a las selvas insalubres del África y a los ríos de Ebebiyín, fronteras con Gabón y Camerún. Fue una vida misionera ofrecida a los pobres de la tierra, los bienaventurados, hasta perder la salud y  poner en riesgo su propia vida. Vida que ya recibió nuestro Padre Dios.

Un proverbio alemán viene muy a propósito:

 

“Los árboles más viejos dan los frutos más dulces” 

 

P. Ramón Rivera Barriga, CMF

 

 

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