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HAGAMOS UNA TORRE PARA HACERNOS FAMOSOS

RETIROPARROQUIAL2018La Torre Latinoamericana es uno de los edificios emblématicos de la Ciudad de México, ubicado en el Centro de la misma. En el año de su edificación, 1956, era el "rascacielos" más grande fuera de Estados Unidos. Y tal parece que a la humanidad entera le encanta hacer rascacielos y si no, habrá que verificarlo, haciendo un recorrido por algunas ciudades: Chicago, Nueva York, Panamá, Brasil, Tokio y Dubai.

En el Retiro Parroquial del 8 de septiembre, Fiesta de la Natividad de la Virgen María, tuvimos como primer momento la Entronización de la Sagrada Escritura en el Auditorio dónde nos reunimos, y después el Padre Ernesto Mejía nos ayudó a acercarnos a los géneros literarios con algunos textos concretos que reflexionamos en grupo.

Posteriormente, nos acercamos al relato de la "Torre de Babel". El Padre Alejandro Quezada repartió el texto de Génesis 11,1-9, en el cual los Pueblos, unidos por la misma lengua, se proponen hacer una "ciudad y una torre" para ganar fama y prestigio al margen del Plan Original del Creador, con el propósito de "protegerse" de lo demás pueblos. La humanidad, tecnificada y ambiciosa, pretende hacer un monumento a su unidad y a su poder, afirmando la eficacia humana en "detrimento" de las orientaciones divinas. Dios, desde su morada, "observa" la conducta de los seres humanos y "baja" para confundir su lengua y dispersarlos por el orbe. El proyecto humano: Babel (puerta de Dios) queda reducido a un "Balel" (confusión).

Este texto gana en claridad cuándo se lee, en perspectiva bíblica, y se confronta con el Acontecimiento de Pentecostés (Hechos 2,1-11) cuándo el Espíritu Santo se hace presente en la Comunidad Reunida en forma de un "viento huracanado", en "lenguas como de fuego" que se posan sobre ellos y comienzan a hablar de las "maravillas de Dios" en diferentes idiomas de tal manera que los "judiós de distintas procedencias" (indicando la universalidad) los escucharon en su propia lengua.

Concluimos, agradeciendo a Dios el "soplo" del Espíritu Santo que dió Vida Nueva a la Comunidad Cristiana, reunida en el Cenáculo, y a nostros, en esta mañana. Al final nos sentimos enviados como "Iglesia en salida" a compartir las maravillas de Dios con las personas que nos rodean

 P. Alejandro Quezada Hermosillo, cmf

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