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LAS SAGRADAS ESCRITURAS GERMEN E ILUMINACIÓN DE LA MISIÓN

biblia germenEl mandato explícito de llevar el mensaje de Salvación hasta «los confines de la tierra» se halla por excelencia, en el Nuevo Testamento. En múltiples textos descubrimos este imperativo categórico, que urge a salir a los caminos de Galilea y de Judea llevando la noticia del Reino que está aconteciendo en Jesús de Nazareth. En alguno de los relatos evangélicos se atreve a decir que no solo a los creyentes en Yahvé, sino, hasta los últimos rincones de la tierra y, dicho sea de paso, ofrece toda la garantía del acompañamiento a los enviados empoderándolos con los signos y milagros que preparan la recepción de la Buena Noticia (cfr. Mt, 10,5; Jn 20,21; Lc 9,2; Lc 22,35; Hch 22,21; Rm 10, 15; Mt 28, 16-20).

Pero, las raíces de la misión de la Iglesia calan más hondo y van más allá de la historia de Jesús y de la iglesia primitiva. La raíz primaria de la misión universal del pueblo de Dios, se adentra en el Antiguo Testamento y podemos seguirla hasta allí. Es la historia de Salvación un proyecto que quiere humanizar la vida de los seres humanos y podemos afirmar sin lugar a equivocarnos que, desde los primeros capítulos de la Sagrada Escritura, el término elección conlleva una misión. Así la elección de Adán y Eva es un llamado a la vida para engendrar y cuidar la vida. El “qué” desde el principio de la creación ira seguido del “para qué” como si se entrelazaran místicamente estos binomios sagrados: “DON Y TAREA” y “SER Y ESTAR LLAMADOS A SER EN PLENITUD” (cfr. Llamamiento de Moisés en Ex 3; historia del rey David en 1 S 16, 1-31, 13; y de la misma manera el llamado específico a los profetas para hablar a su pueblo).

Así también el llamado de Abraham, nuestro padre en la fe (cfr. Gn 12). A primera vista descubrimos que el Dios soberano y misericordioso que congrega a un grupo dispar de esclavos y de personas sin categoría alguna y constituye con ellos un «pueblo escogido» y un «sacerdocio real», es en último término el mismo Dios que impulsará a esas personas hacia costas lejanas, más allá de las fronteras de la tierra prometida.

La elección/respuesta es comprobadamente en la historia de Israel, una realidad que enmarca la opción que Dios ha hecho por su pueblo elegido y que lo invita a colaborar con Él, en ese concurso que supone, el “don y la tarea” que caracteriza la relación humanizante y santa del Dios de la vida.

Es por esto que no es falso sostener que: “Los fundamentos bíblicos de la misión

se extienden por la totalidad de la palabra de Dios”.

 

Al encomendarme compartir el tema: “Las Sagradas Escrituras germen e iluminación de la misión” lo primero que me viene a la mente es que la Misión misma de la Iglesia nace de la convocación o ASAMBLEA, que el Señor hace a su pueblo para que sea testigo en primer lugar del amor misericordioso fiel y en un segundo momento, para testimoniar ante el mundo entero que sólo Él, es el dueño de la vida y de la historia.

Tenemos que apropiarnos aquellas palabras del profeta Jeremías “tengo que gritar”, tengo que arriesgar”, “ay de mi si no lo hago” (Jr 20,8), ya que nuestra misión se ha plasmado como una pintura desde el seno materno y la voz que quema dentro nos urge a rebasar montes y montañas, culturas y credos, creencias e ideologías afirmando la soberanía y el reinado del Dios verdadero que se ha manifestado de manera tan admirable en Jesús de Nazareth.

En un mundo donde se han caído los mega relatos, que ha desencantado a los racionalistas y decepcionado a los místicos, se requieren hombres y mujeres audaces. Nuevas generaciones de jóvenes que sepan escuchar la Palabra que es llamada a humanizar la vida y que no pierde su vigor ni su vigencia al paso de los siglos.

Hoy, Dios sigue hablando a las nuevas generaciones para impulsarlas a los nuevos areópagos que exigen testimonio de la Resurrección de Jesús convertido en vida.

Hoy más que nunca deberá sonar imperativo a nuestro oído, aquel canto que parece olvidado en los años estudiantiles de seminario:

“GRITA FUERTE SEÑOR…. GRITA FUERTE

QUE TENEMOS CERRADO EL OÍDO

Y EL SILENCIO NOS LLEVA A LA MUERTE…

TU PALABRA ES SUSURRO Y NO OÍMOS”.

                                                                       In CM: Miguel Ángel Portugal Aguilar, CMF.

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